martes, 22 de marzo de 2011

Hop-Frog - Edgar Allan Poe

Jamás he conocido a nadie tan dispuesto a celebrar una broma como el rey. Parecía vivir tan sólo para las bromas. La manera más segura de ganar sus favores consistía en narrarle un cuento donde abundaran las chuscadas, y narrárselo bien. Ocurría así que sus siete ministros descollaban por su excelencia como bromistas. Todos ellos se parecían al rey por ser corpulentos, robustos y sudorosos, así como bromistas inimitables. Nunca he podido determinar si la gente engorda cuando se dedica a hacer bromas, o si hay algo en la grasa que predispone a las chanzas; pero la verdad es que un bromista flaco resulta una rara avis in terris.

Por lo que se refiere a los refinamientos -o, como él los denominaba, los «espíritus» del ingenio-, el rey se preocupaba muy poco. Sentía especial admiración por el volumen de una chanza, y con frecuencia era capaz de agregarle gran amplitud para completarla. Las delicadezas lo fastidiaban. Hubiera preferido el Gargantúa de Rabelais al Zadig de Voltaire; de manera general, las bromas de hecho se adaptaban mejor a sus gustos que las verbales.

En los tiempos de mi relato los bufones gozaban todavía del favor de las cortes. Varias «potencias» continentales conservaban aún sus «locos» profesionales, que vestían traje abigarrado y gorro de cascabeles, y que, a cambio de las migajas de la mesa real, debían mantenerse alerta para prodigar su agudo ingenio.

Nuestro rey tenía también su bufón. Le hacía falta una cierta dosis de locura, aunque más no fuera, para contrabalancear la pesada sabiduría de los siete sabios que formaban su ministerio... y la suya propia.

Su «loco», o bufón profesional, no era tan sólo un loco. Su valor se triplicaba a ojos del rey por el hecho de que además era enano y cojo. En aquella época los enanos abundaban en las cortes tanto como los bufones, y muchos monarcas no hubieran sabido cómo pasar los días (los días son más largos en la corte que en cualquier otra parte) sin un bufón con el cual reírse y un enano de quien reírse. Pero, como ya lo he hecho notar, en el noventa y nueve por ciento de los casos los bufones son gordos, redondeados y de movimientos torpes, por lo cual nuestro rey se congratulaba de tener en Hop-Frog (que así se llamaba su bufón) un triple tesoro en una sola persona.

Creo que el nombre de Hop-Frog no le fue dado al enano por sus padrinos en el momento del bautismo, sino que recayó en su persona por concurso general de los siete ministros, dado que le era imposible caminar como el resto de los mortales. En efecto, Hop-Frog sólo podía avanzar mediante un movimiento convulsivo -algo entre un brinco y un culebreo-, movimiento que divertía interminablemente al rey y a la vez, claro está, le servía de consuelo, aunque la corte, a pesar del vientre protuberante y el enorme tamaño de la cabeza del rey, lo consideraba un dechado de perfección.

Pero si la deformación de las piernas sólo permitía a Hop-Frog moverse con gran dolor y dificultad en un camino o un salón, la naturaleza parecía haber querido compensar aquella deficiencia de sus miembros inferiores concediéndole una prodigiosa fuerza en los brazos, que le permitía efectuar diversas hazañas de maravillosa destreza, siempre que se tratara de trepar por cuerdas o árboles. Y mientras cumplía tales ejercicios se parecía mucho más a una ardilla o a un mono que a una rana.

No puedo afirmar con precisión de qué país había venido Hop-frog. Se trataba, sin embargo, de una región bárbara de la que nadie había oído hablar, situada a mucha distancia de la corte de nuestro rey. Tanto Hop-Frog como una jovencita apenas menos enana que él (pero de exquisitas proporciones y admirable bailarina) habían sido arrancados por la fuerza de sus respectivos hogares, situados en provincias adyacentes, y enviados como regalo al rey por uno de sus siempre victoriosos generales.

No hay que sorprenderse, pues, de que en tales circunstancias se creara una gran intimidad entre los dos pequeños cautivos. Muy pronto llegaron a ser amigos entrañables. Hop-Frog, a pesar de sus continuas exhibiciones, no era nada popular, y no podía, por tanto, prestar mayores servicios a Trippetta; pero ésta, con su gracia y exquisita belleza -pese a ser una enana-, era admirada y mimada por todos, lo cual le daba mucha influencia y le permitía ejercerla en favor de Hop-Frog, cosa que jamás dejaba de hacer.

En ocasión de una gran solemnidad oficial (no recuerdo cuál) el rey resolvió celebrar un baile de máscaras. Ahora bien, toda vez que en la corte se trataba de mascaradas o fiestas semejantes, se acudía sin falta a Hop-Frog y a Trippetta, para que desplegaran sus habilidades. Hop-Frog, sobre todo, tenía tanta inventiva para montar espectáculos, sugerir nuevos personajes y preparar máscaras para los bailes de disfraz, que se hubiera dicho que nada podía hacerse sin su asistencia.

Llegó la noche de la gran fiesta. Bajo la dirección de Trippetta habíase preparado un resplandeciente salón, ornándolo con todo aquello que pudiera agregar éclat a una mascarada. La corte ardía con la fiebre de la expectativa. Por lo que respecta a los trajes y los personajes a representar, es de imaginarse que cada uno se había aprontado convenientemente. Los había que desde semanas antes preparaban sus rôles, y nadie mostraba la menor señal de indecisión... salvo el rey y sus siete ministros. Me es imposible explicar por qué precisamente ellos vacilaban, salvo que lo hicieran con ánimo de broma. Lo más probable es que, dada su gordura, les resultara difícil decidirse. A todo esto el tiempo transcurría; entonces, como postrer recurso, mandaron llamar a Trippetta y a Hop-Frog.

Cuando los dos pequeños amigos obedecieron al llamado del rey, lo encontraron bebiendo vino con los siete miembros de su Consejo; el monarca, sin embargo, parecía de muy mal humor. No ignoraba que a Hop-Frog le desagradaba el vino, pues producía en el pobre lisiado una especie de locura, y la locura no es una sensación agradable. Pero el rey amaba sus bromas y le pareció divertido obligar a Hop-Frog a beber y (como él decía) «a estar alegre».

-Ven aquí, Hop-Frog -mandó, cuando el bufón y su amiga entraron en la sala-. Bébete esta copa a la salud de tus amigos ausentes... (Hop-Frog suspiró)... y veamos si eres capaz de inventar algo. Necesitamos personajes... personajes, ¿entiendes? Algo fuera de lo común, algo raro. Estamos cansados de hacer siempre lo mismo. ¡Ven, bebe! El vino te avivará el ingenio.

Como de costumbre, Hop-Frog trató de contestar con una chanza a las palabras del rey, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Sucedió que aquel día era el cumpleaños del pobre enano, y la orden de beber a la salud de «sus amigos ausentes» hizo acudir las lágrimas a sus ojos. Grandes y amargas gotas cayeron en la copa mientras la tomaba, humildemente, de manos del tirano.

-¡Ja, ja, ja! -rió éste con todas sus fuerzas-. ¡Ved lo que puede un vaso de buen vino! ¡Si ya le brillan los ojos!

¡Pobre infeliz! Sus grandes ojos fulguraban en vez de brillar, pues el efecto del vino en su excitable cerebro era tan potente como instantáneo. Dejando la copa en la mesa con un movimiento nervioso, Hop-Frog contempló a sus amos con una mirada casi insana. Todos ellos parecían divertirse muchísimo con la «broma» del rey.

-Y ahora, ocupémonos de cosas serias -dijo el primer ministro, que era un hombre muy gordo.

-Sí -aprobó el rey-. Ven aquí, Hop-Frog, y ayúdanos. Personajes, querido muchacho. Personajes es lo que necesitamos... ¡Ja, ja, ja!

Y como sus palabras pretendían ser una nueva chanza, los siete las celebraron a coro.

También rió Hop-Frog, aunque débilmente y como si estuviera distraído.

-Vamos, vamos -dijo impaciente el rey-. ¿No tienes nada que sugerirnos?

-Estoy tratando de pensar algo nuevo -repuso vagamente el enano, a quien el vino había confundido por completo.

-¡Tratando! -gritó furioso el tirano-. ¿Qué quieres decir con eso? ¡Ah, ya entiendo! Estás melancólico y te hace falta más vino. ¡Toma, bebe esto! -y llenando otra copa la alcanzó al lisiado, que no hizo más que mirarla, tratando de recobrar el aliento-. ¡Bebe, te digo -aulló el monstruo-, o por todos los diablos que...!

El enano vaciló, mientras el rey se ponía púrpura de rabia. Los cortesanos sonreían bobamente. Pálida como un cadáver, Trippetta avanzó hasta el sitial del monarca y, cayendo de rodillas, le imploró que dejara en paz a su amigo.

Durante unos instantes el tirano la miró lleno de asombro ante tal audacia. Parecía incapaz de decir o de hacer algo... de expresar adecuadamente su indignación. Por fin, sin pronunciar una sílaba, la rechazó con violencia y le tiró a la cara el contenido de la copa.

La pobre niña se levantó como pudo y, sin atreverse a suspirar siquiera, volvió a su sitio a los pies de la mesa.

Durante casi un minuto reinó un silencio tan mortal que se hubiera escuchado caer una hoja o una pluma. Aquel silencio fue interrumpido por un áspero y prolongado rechinar, que parecía venir de todos los ángulos de la sala al mismo tiempo.

-¿Qué... qué es ese ruido que estás haciendo? -preguntó el rey, volviéndose furioso hacia el enano.

Este último parecía haberse recobrado en gran medida de su embriaguez y, mientras miraba fija y tranquilamente al tirano en los ojos, respondió:

-¿Yo? Yo no hago ningún ruido.

-Parecía como si el sonido viniera de afuera -observó uno de los cortesanos-. Se me ocurre que es el loro de la ventana, que se frotaba el pico contra los barrotes de la jaula.

-Eso ha de ser -afirmó el monarca, como si la sugestión lo aliviara grandemente-. Pero hubiera jurado por el honor de un caballero que el ruido lo hacía este imbécil con los dientes.

Al oír tales palabras el enano se echó a reír (y el rey era un bromista demasiado empedernido para oponerse a la risa ajena), mientras dejaba ver unos enormes, poderosos y repulsivos dientes. Lo que es más, declaró que estaba dispuesto a beber todo el vino que quisiera su majestad, con lo cual éste se calmó en seguida. Y luego de apurar otra copa sin efectos demasiado perceptibles, Hop-Frog comenzó a exponer vivamente sus planes para la mascarada.

-No puedo explicarme la asociación de ideas -dijo tranquilamente y como si jamás en su vida hubiese bebido vino-, pero apenas vuestra majestad empujó a esa niña y le arrojó el vino a la cara, apenas hubo hecho eso, y en momentos en que el loro producía ese extraño ruido en la ventana, se me ocurrió una diversión extraordinaria... una de las extravagancias que se hacen en mi país, y que con frecuencia se llevan a cabo en nuestras mascaradas. Aquí será completamente nuevo. Lo malo es que hace falta un grupo de ocho personas, y...

-¡Pues aquí estamos! -exclamó el rey, riendo ante su agudo descubrimiento de la coincidencia-. ¡Justamente ocho: yo y mis ministros! ¡Veamos! ¿En qué consiste esa diversión?

-La llamamos -repuso el enano- los Ocho Orangutanes Encadenados, y si se la representa bien, resulta extraordinaria.

-Nosotros la representaremos bien -observó el rey, enderezándose y alzando las cejas.

-Lo divertido de la cosa -continuó Hop-Frog- está en el espanto que produce entre las mujeres.

-¡Magnífico! -gritaron a coro el monarca y su Consejo.

-Yo os disfrazaré de orangutanes -continuó el enano-. Dejadlo todo por mi cuenta. El parecido será tan grande, que los asistentes a la mascarada os tomarán por bestias de verdad... y, como es natural, sentirán tanto terror como asombro.

-¡Exquisito! -exclamó el rey-. ¡Hop-Frog, yo haré un hombre de ti!

-Usaremos cadenas para que su ruido aumente la confusión. Haremos correr el rumor de que os habéis escapado en masse de vuestras jaulas. Vuestra majestad no puede imaginar el efecto que en un baile de máscaras causan ocho orangutanes encadenados, los que todos toman por verdaderos, y que se lanzan con gritos salvajes entre damas y caballeros delicada y lujosamente ataviados. El contraste es inimitable.

-¡Así debe ser! -declaró el rey, mientras el Consejo se levantaba precipitadamente (se hacía tarde) para poner en ejecución el plan de Hop-Frog.

La forma en que procedió éste a fin de convertir a sus amos en orangutanes era muy sencilla, pero suficientemente eficaz para lo que se proponía. En la época en que se desarrolla mi relato los orangutanes eran poco conocidos en el mundo civilizado, y como las imitaciones preparadas por el enano resultaban suficientemente bestiales y más que suficientemente horrorosas, nadie pondría en duda que se trataba de una exacta reproducción de la naturaleza.

Ante todo, el rey y sus ministros vistieron ropa interior de tejido elástico y sumamente ajustado. Se procedió inmediatamente a untarlos con brea. Alguien del grupo sugirió cubrirse de plumas, pero esta idea fue rechazada al punto por el enano, quien no tardó en convencer a los ocho bromistas, mediante demostración práctica, que el pelo de orangután puede imitarse mucho mejor con lino. Una espesa capa de este último fue por tanto aplicada sobre la brea. Buscóse luego una larga cadena. Hop-Frog la pasó por la cintura del rey y la aseguró; en seguida hizo lo propio con otro del grupo, y luego con el resto. Completados los preparativos, los integrantes se apartaron lo más posible unos de otros, hasta formar un círculo, y, para dar a la cosa su apariencia más natural, Hop-Frog tendió el sobrante de la cadena formando dos diámetros en el círculo, cruzados en ángulo recto, tal como lo hacen en la actualidad los cazadores de chimpancés y otros grandes monos en Borneo.

El vasto salón donde iba a celebrarse el baile de máscaras era una estancia circular, de techo muy elevado y que sólo recibía luz del sol a través de una claraboya situada en su punto más alto. De noche (momento para el cual había sido especialmente concebido dicho salón) se lo iluminaba por medio de un gran lustro que colgaba de una cadena procedente del centro del tragaluz, y que se hacía subir y bajar por medio de un contrapeso, según el sistema corriente; sólo que, para que dicho contrapeso no se viera, hallábase instalado del otro lado de la cúpula, sobre el techo.

El arreglo del salón había sido confiado a la dirección de Trippetta; pero, por lo visto, ésta se había dejado guiar en ciertos detalles por el más sereno discernimiento de su amigo el enano. De acuerdo con sus indicaciones, el lustro fue retirado. Las gotas de cera de las bujías (que en esos días calurosos resultaba imposible evitar) hubiera estropeado las ricas vestiduras de los invitados, quienes, debido a la multitud que llenaría el salón, no podrían mantenerse alejados del centro, o sea debajo del lustro. En su reemplazo se instalaron candelabros adicionales en diversas partes del salón, de modo que no molestaran, a la vez que se fijaban antorchas que despedían agradable perfume en la mano derecha de cada una de las cariátides que se erguían contra las paredes, y que sumaban entre cincuenta y sesenta.

Siguiendo el consejo de Hop-Frog, los ocho orangutanes esperaron pacientemente hasta medianoche, hora en que el salón estaba repleto de máscaras, para hacer su entrada. Tan pronto se hubo apagado la última campanada del reloj, precipitáronse -o, mejor, rodaron juntos, ya que la cadena que trababa sus movimientos hacía caer a la mayoría y trastrabillar a todos mientras entraban en el salón.

El revuelo producido en la asistencia fue prodigioso y llenó de júbilo el corazón del rey. Tal como se había anticipado, no pocos invitados creyeron que aquellas criaturas de feroz aspecto eran, si no orangutanes, por lo menos verdaderas bestias de alguna otra especie. Muchas damas se desmayaron de terror, y si el rey no hubiera tenido la precaución de prohibir toda portación de armas en la sala, la alegre banda no habría tardado en expiar sangrientamente su extravagancia. A falta de medios de defensa, produjese una carrera general hacia las puertas; pero el rey había ordenado que fueran cerradas inmediatamente después de su entrada, y, siguiendo una sugestión del enano, las llaves le habían sido confiadas a él.

Mientras el tumulto llegaba a su apogeo y cada máscara se ocupaba tan sólo de su seguridad personal (pues ahora había verdadero peligro a causa del apretujamiento de la excitada multitud), hubiera podido advertirse que la cadena de la cual colgaba habitualmente el lustro, y que había sido remontada al prescindirse de aquél, descendía gradualmente hasta que el gancho de su extremidad quedó a unos tres pies del suelo.

Poco después el rey y sus siete amigos, que habían recorrido haciendo eses todo el salón, terminaron por encontrarse en su centro y, como es natural, en contacto con la cadena. Mientras se hallaban allí, el enano, que no se apartaba de ellos y los incitaba a continuar la broma, se apoderó de la cadena de los orangutanes en el punto de intersección de los dos diámetros que cruzaban el círculo en ángulo recto. Con la rapidez del rayo insertó allí el gancho del cual colgaba antes el lustro; en un instante, y por obra de una intervención desconocida, la cadena del lustro subió lo bastante para dejar el gancho fuera del alcance de toda mano y, como consecuencia inevitable, arrastró a los orangutanes unos contra otros y cara a cara.

A esta altura, los invitados iban recobrándose en parte de su alarma y comenzaban a considerar todo aquello como una estupenda broma, por lo cual estallaron risas estentóreas al ver la desgarbada situación en que se encontraban los monos.

-¡Dejádmelos a mi! -gritó entonces Hop-Frog, cuya voz penetrante se hacía escuchar fácilmente en medio del estrépito-, ¡Dejádmelos a mí! ¡Me parece que los conozco! ¡Si solamente pudiera mirarlos más de cerca, pronto podría deciros quiénes son!

Trepando por sobre las cabezas de la multitud, consiguió llegar hasta la pared, donde se apoderó de una de las antorchas que empuñaban las cariátides. En un instante estuvo de vuelta en el centro del salón y, saltando con agilidad de simio sobre la cabeza del rey, encaramóse unos cuantos pies por la cadena, mientras bajaba la antorcha para examinar el grupo de orangutanes y gritaba una vez más:

-¡Pronto podré deciros quiénes son!

Y entonces, mientras todos los presentes (incluidos los monos) se retorcían de risa, el bufón lanzó un agudo silbido; instantáneamente, la cadena remontó con violencia a una altura de treinta pies, arrastrando consigo a los aterrados orangutanes, que luchaban por soltarse, y los dejó suspendidos en el aire, a media altura entre la claraboya y el suelo. Aferrado a la cadena, Hop-Frog seguía en la misma posición, por encima de los ocho disfrazados, y, como si nada hubiese ocurrido, continuaba acercando su antorcha fingiendo averiguar de quiénes se trataba.

Tan estupefacta quedó la asamblea ante esta ascensión, que se produjo un profundo silencio. Duraba ya un minuto, cuando fue roto por un áspero y profundo rechinar, semejante al que había llamado la atención del rey y sus consejeros después que aquél hubo arrojado el vino a la cara de Trippetta. Pero en esta ocasión no cabía dudar de dónde procedía el sonido. Venía de los dientes del enano, semejantes a colmillos de fiera; rechinaban, mientras de su boca brotaba la espuma, y sus ojos, como los de un loco furioso, se clavaban en los rostros del rey y sus siete compañeros.

-¡Ah, ya veo! -gritó, por fin, el enfurecido bufón-. ¡Ya veo quiénes son!

Y entonces, fingiendo mirar más de cerca al rey, aplicó la antorcha a la capa de lino que lo envolvía y que instantáneamente se llenó de lívidas llamaradas. En menos de medio minuto los ocho orangutanes ardían horriblemente entre los alaridos de la multitud, que los miraba desde abajo, aterrada, y que nada podía hacer para prestarles ayuda.

Por fin, creciendo en su violencia, las llamas obligaron al bufón a encaramarse por la cadena para escapar a su alcance; al ver sus movimientos, la multitud volvió a guardar silencio. El enano aprovechó la oportunidad para hablar una vez más:

-Ahora veo claramente quiénes son esos hombres -dijo-. Son un gran rey y sus siete consejeros privados. Un rey que no tiene escrúpulos en golpear a una niña indefensa, y sus siete consejeros, que consienten ese ultraje. En cuanto a mí, no soy nada más que Hop-Frog, el bufón... y ésta es mi última bufonada.

A causa de la alta combustibilidad del lino y la brea, la obra de venganza quedó cumplida apenas el enano hubo terminado de pronunciar estas palabras. Los ocho cadáveres colgaban de sus cadenas en una masa irreconocible, fétida, negruzca, repugnante. El bufón arrojó su antorcha sobre ellos y luego, trepando tranquilamente hasta el techo, desapareció a través de la claraboya.

Se supone que Trippetta, instalada en el tejado del salón, fue cómplice de su amigo en su ígnea venganza, y que ambos escaparon juntamente a su país, ya que jamás se los volvió a ver.

sábado, 19 de marzo de 2011

Vine a


Deixem els barrets i dansem entre bedolls. Correm sota la pluja que cau sobre els nostres caps, sobre el nostres cossos nus. Avancem per transgredir les nostres pròpies barreres. Contemplo el somriure fràgil i els ulls verds mentre brindem amb la nit pel darrer petó.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Dits mullats



Plou cendra mentre esperem, amb la llengua fora, que caigui l´última gota d´aigua que s´escorre del test del balcó de l´àtic. S´introdueix als pulmons lentament, en silenci... ens fa callar voluntàriament; deixem d´escoltar. Tossim i ens taquem les mans amb la nostra sang però continuem el cicle sense fi. Aqui seguim, atrapats en el ventre d´una mare adoptiva que ens entregarà a un comprador desconegut que no pensa pagar res. Tenim ulls però som daltònics i veurem sempre els camps plens de vermell. El mite diu que són verds; però ara qui creu el mite? Ningú, ja ens ha enganyat prou. Avancem a la deriva a l´espera de trobar el no res i poder concloure una obra que mai ha tingut un destí clar. El director d´orquestra dona l´ordre de començar a tocar a les trompetes alhora que mirem espantats com la cendra ja cobreix completament el nostre cos convertint-nos en meres estàtues sense voluntat; tement que ens oblidin en un trist magatzem rodejat de mobles. Però no hi ha lluita posible sense un contrincant, ni tan sols podem criticar i blasfemar, ni pensar; "pensar us fa inútils" deia el mantra que en altres temps sonava a totes hores. Anular l´individu i crear una comunitat fictícia, alguns van apostar per aquesta teoria i es van deborar entre ells als pocs anys. Els primers van ser els propulsors, que havien volgut destacar ells mateixos per sobre la comunitat i van ser servits al sopar comú que es celebrava l´últim diumenge de cada mes. Això també deu ser un mite; mai s´anularà la vanitat com tampoc res pot existir per si sol. Ens parlaven de fer un camí per buscar la veritat però alhora ens presentaven Dorians Grays per el camí. Així com volen que ho fem! Em optat per l´única via lliure; la de caminar descalços per sota el mar fins trobar una senyal que ens indiqui els km que queden fins arribar a la pròxima sala d´espera. Aquí ens quedem, no allarguem aquest sense sentit; que ens arrosseguin les corrents i les passions i ens retornin a la superfície."Existeixo llavors penso", que deia aquell. No volem la raó! Volem, volem... sense ales ni avions. Que succeeixi ja perquè el que realment ens estimem es trepar a la copa de l´arbre més robust del bosc més desconegut per cridar paraules, que coneixen uns pocs, fins que marxem esgotats i satisfets de sentir la plenitud de ser part d´un tot que no dona treva... Que ens concedeix viure per veure .

lunes, 7 de marzo de 2011

Quan llegies



Per més que els teus cabells cobreixin el teu rostre i tapin els teus ulls vius, per més que et creixi una barba espessa i aspra, per més que et foradis el cos; mai seràs un tipus dur. Per més que t´enlluernin els focus, per més que t´idolatrin, per més que oblidis qui vas ser i qui ets, per més que marxis lluny, per més que no vulguis tornar; sempre podràs venir a veure el mar amb nosaltres.

viernes, 11 de febrero de 2011

Què penses? Res.



Estan parlant, els escolto com s´amaguen per parlar de tu. I tu segueixes a l´escala donant-los l´esquena; mai sabran res de tu, només perceven el teu físic. Ja ho saps que fan això però tu mires cap una altra banda, et tapes les orelles amb les mans i prems ben fort i així penses que no existeix res del que diuen. Perquè ho fas? Perquè em segueixes mirant? Vas tenir molta valentia en aquells moments, ja vas escollir, sempre deies que no et penedies de les teves accions, fes el mateix ara! Sempre a l´espera del millor moment per aparèixer de nou i mirar-me amb ulls porucs, tèrbols, impostors, impetuosos,arrogants, buits, cansats, perduts buscant un racó humit on poder ser algú, ulls que ploren i riuen… són com el teu interior… tant contradictori, tant caòtic… Em vaig apropar a tu amb curiositat com qui mira el carrer des del seu balcó segur de que res passarà, expectant per el que pugui veure. El que es veu en tu es una explosió que allunya al més previngut i apropa al més inconscient. El caos es creador de nova vida i aquesta es la teva essència; destruir tot per poder crear, encara que el que crees neix de les teves pors. Quan la deflagració remet i la metralla es clava al teu cos i als de qui t´envolten tu tornes a activar el teu propi procés d´ autodestrucció. Érem tossuts i seguíem buscant com acabar amb tot alló. Se que volies i vols enllestir, però ets dèbil i et deixes arrossegar per la banalitat, l´ira, les pors i la bogeria.

Tu t´escarrasses en ignorar les senyals però ells no callen. Saps que estan dient ara? Que no vals res en comparació amb... No aconsegueixo escoltar el nom. Segur que tu saps millor que ningú de qui deuen estar parlant. És una llàstima que no coneguin res de tu, si així fos ja ni parlarien de tu, albergues masses habitacions per a qui tan sols vol un llit. Què uscàvem els dos? Devíem buscar un divan per psicoanalitzar-nos mútuament. Què vam trobar? Vam trobar el foc; un foc que ens enllumenava, ens donava calor però alhora ens aterria acostar-nos a ell, cada cop que ens apropàvem una guspira ens cremava les mans; l´oxigen sempre tant pendent de tot. Els dos sabíem que el foc ens mataria però perquè no morir per el que vols? Aquesta idea mai la vas acabar de tenir clara per aquesta raó de tant en tant obries finestres per on entraven voltors i algun altre rossinyol. No, calla, que eren coloms; són tan vulgars. Si obries les finestres entrava el fred i el que volíem era calor, el foc havia de seguir encès. No et culpo, tots volem creure que dominem els nostres pensaments, que les cames van on nosaltres decidim, que ens relacionem amb qui volem... que som lliures. No, no parlo del destí, que em mostrin on guarden els arxius dels nostres destins, estan a internet potser? Parlo de provetes, parlo d´experiments fallits, parlo de titelles en mans de paraules, parlo d´historiadors ancorats en el passat, parlo de codis de barres, parlo de viure en coves prefabricades, parlo del que em oblidat i en el que ens convertirem. Ja saps de que parlo, els dos ens coneixem prou bé. I amb tot érem dos filòsofs de fulletons, atrapats en el teu passat. Futur vam deixar de tenir a cada fugida endavant volent deixar cada cop més enrere terra ferma i tot el que coneixíem i que ens produïa tant de rebuig i tant por. Qui viu sota la por no pot viure i tu vivies creient les teves fantasies; que un dia m´enduria el foc que era dels dos i et tancara amb pany i forrellat oblidant-me de tu per sempre. Tens por a saber qui ets... Talla-li el cap al teu Robespierre!

Shhh... tornen a parlar de tu. No et volen perdonar però tampoc volen marxar del teu costat fins que no obtinguins el que busquen. Ja ho veus la publicitat ha fet molt de mal. El que busquen de tu es sexe, com tothom avui en dia, la formula es 2 cubates = sexe, ningú vol estimar més que a ell mateix. No ho negaré el sexe es molt gratificant, a mi també m´agrada practicar-ho, ja ho saps de sobres, però no és l´únic que hem de buscar cegament, no és la pedra filosofal. Confessa-ho els odies. Per més que a les fotografies que surts amb ells somriguis en realitat et menja per dins el teu veritable jo, sents una nostàlgia infantil, sents aquella tristor que t´envaeix al veure el vídeo, d´aquell amic mort, que vas gravar per al seu 18e aniversari, sentir la seva veu i comprendre que no queda res més d´ell que aquell minut. Odies la seva superficialitat, la seva petulància, la manera com sempre us divertiu... A tu que t´agrafa el canvi i t´has acabat, com els miserables urbanites, acostumant a la rutina. No et centris en mi, a mi no m´has d´odiar, estas confonent els papers. Fa dies que no tinc rancor, ara m´inspires tendresa, com quan un fill mostra als pares el dibuix que acaba de fer , està mal dibuixat, però ell el mostra orgullós sense preocupar-se per res més que als seus pares els agradi i aquests alhora el feliciten ben cofois. Aquest exemple no l´entens gaire, jo tampoc, deu ser que mai ens em relacionat prou bé amb els nostres pares, sempre ens em mantingut distants pensant que no som com ells voldrien, que no em aconseguit complir les seves expectatives i em preferit marxar del seu costat abans d´hora per evitar trobar-nos amb la seva mirada de decepció. Si ens arriba a passar a nosaltres que faríem? No ho tinc gaire clar, seria un plat fred. Ho se, estic creuant un límit que no hauríem de travessar. Disculpa´m tinc moltes serps al cap.

Mira com riuen! Si ploren i tot! Perquè no hi vas? Com sempre, tan distant, primer t´aproximes ràpidament fent molt de soroll i al següent dia desapareixes silenciosament. No tens ganes de parlar? Ja veig, fas cara trista. Ho entenc, tan de sobte i tants sentiments enfrontats i aquest cop no ens gronxàvem a cap gronxador per veure si podíem sortir volant, esborrar-ho tot i intentar no caure. Aquest cop no hi ha hagut promeses. Recorda que resta una per complir.