viernes, 6 de julio de 2012
Tinta Azul
Se marchó, como tantas otras, dejando atrás la estela gris de una tarde borrascosa y el calor de su cuerpo mientras su recuerdo se marchitaba poco a poco. Sin percatarse penetró en mi vacío, oculto tras los muros erosionados por las decepciones, y, soltó a los perros. Agazapada, desde tu rincón, observas pacientemente como me pierdo por los caminos y desespero buscándote en las cimas y en los valles. Todo el mundo cree que soy fuerte pero es una burda mentira, una más. Tú también lo sabes y por eso huyes de mi. Mi futuro es incierto, mi pasado demasiado presente. Mismos patrones, mismas situaciones se repiten una y otra vez sin dar tregua a esta mente cansada. Atrapado en la cobardía del último paso me arrastro lánguidamente hasta tu ventana con la esperanza de encontrarte en tu habitación y verte, feliz, con él; para recrearme en mi tristeza.
Dejé de escribir y cerré el cuaderno. El sol caía ligero tras las montañas que envuelven la ciudad proporcionando sus últimos rayos y rasgando el cielo con un rastro carmesí que se perdía en el horizonte. Las farolas de alrededor empezaron a encenderse mientras una paloma grisácea se colaba entre los viandantes sumidos en sus móviles caminaban con paso uniforme, como autómatas, se detenían en el paso de cebra y continuaban su marcha. A pesar de que empezó a refrescar yo seguía sudando. Con la vista puesta en la boca de metro aguardaba a que llegaran las dos parejas. Unas horas antes Eva me había llamado preguntándome si quería ir con Javi, una amiga suya y su novio al museo de arte nacional que era gratis porque hacían noche de puertas abiertas. En teoría esa misma noche había quedado con unos amigos para ir al bar donde echaban el partido del Barça, pero siendo Eva quien me lo proponía, y, después de estar semanas sin verla, no pude, ni quise negarme. ¿Quien sabía lo que podía pasar?
Unas manos finas me cubrieron los ojos y sentí una respiración entrecortada cerca de mi oreja izquierda que al instante se transformó en una voz melosa preguntándome:
- ¿Quién soy?
- Eva -contesté secamente debido a la tensión que me producía tenerla tan cerca.
- Que soso llegas a ser, Max - me dijo alargándome la mano para ayudarme a levantarme.
Sus dulces ojos negros sondeaban mi timidez tratando de predecir mi siguiente reacción. El flequillo enmarañado le caía por la frente hasta rozar sus arqueadas pestañas y su corta melena se hallaba sujeta en un moño anclado por un diminuto lápiz sin punta. La nariz respingona encajaba a la perfección con la armonía de las facciones de su cara y enlazaba con elegancia sus ojos con sus labios rosados, como sus mofletes. Me mantuve en silencio y guardé el cuaderno en la mochila. Eva me abrazo y me susurro al oído unas palabras que me desconcertaron:
- No temas, ya estoy aquí.
- Nadie te esperaba -mintió mi orgullo.
Silencio.
- ¿Y Javi? - le pregunté separándome de ella con rechazo.
- Javi ahora viene con Edgar y Natalia. Me he adelantado a ellos para estar a solas contigo -dijo provocativa acercándose de nuevo.
- ¿Estás bien con él?
- Bien -afirmó con una mueca de desaprobación que afeaba su rostro.- Este jueves me llevó a cenar a un restaurante con conciertos jazz en vivo, aunque a Javi le aburre ya conoces mi pasión por el jazz, y me propuso que al volver de Suecia buscáramos un piso y nos fuéramos a vivir los dos juntos.
- Se ve que está muy enamorado de ti -dije con malicia, hurgando en nuestra particular herida, adelantándome a mi inminente debacle; otro más.- ¿Qué harás?
- No lo sé, no quiero dar este paso todavía. Prefiero seguir como hasta ahora; cada uno en su piso compartido e irnos viendo unos días a la semana. Sin agobios. Imagínate que sale mal y rompemos. ¿Que haríamos entonces? Los pisos son caros...
No completó la frase y evitó darme una respuesta clara y contundente. Se notaba que estaba agitada al hablar de ello. En medio de aquel mar embravecido me aferré a la madera llena de astillas que desaparecía por momentos entre las violentas olas. Con el trascurso de los días las ilusiones y proyectos, junto a Eva, que había albergado en mi interior fueron siendo desterrados por el pensamiento de que para Eva fui un desliz que no llegaba ni a la categoría de amante. Será de ese tipo de personas tan actuales que pueden dividir sexo de amor, me decía a mi mismo. Me los imaginaba, a Javi y a Eva, yendo al cine, después tomando copas en los chiringuitos de la playa con sus amigos, riendo y mostrando su felicidad, y al volver al piso de Javi disfrutando de una noche de sexo pasional y salvaje que concluiría con el cigarro de rigor. En mis fantasías siempre eran felices y practicaban el sexo más placentero que se pueda soñar porque así, de forma inconsciente, aumenta mi dolor y mi culpa ¿Y el cigarro? Pues le daba el toque de película llena de clichés que aumentaba el patetismo de mi situación. Su ausencia me lo confirmaba y me propuse olvidarla. Pero entonces su llamada, y ahora estas palabras. Las suposiciones agoreras quedaron olvidadas al instante y me lancé de cabeza a la remota posibilidad de avanzar en mis relaciones con Eva. Era débil. Volví a golpear en el mismo lugar:
- Eva ¿seguro que estás bien con Javi?
- Sí... -encendió un cigarro y empezó a fumárselo con ansiedad.- No, a ti no te quiero mentir, a ti no. Estoy harta de mentirle a todos y aparentar lo que no soy. Tu eres especial para mi... no quiero empezar a mentir contigo también. Si insistes ya lo debes intuir; no estoy bien con Javi. Hace unos meses que discutimos por tonterías cada vez que estamos a solas. Delante de los amigos representamos bien el papel de pareja idílica pero cuando ya no estáis volvemos a los enfados y las malas caras. No lo aguanto. El Javi del principio ya no existe. Ayer estuvo hablando por el facebook con una amiga suya, conmigo delante ¿Te lo puedes creer? Y claro, me enfadé y discutimos una vez más. Esta situación es insostenible. Decimos que cambiaremos pero el primero que no lo hace es él. Ya nada es lo mismo. Creo que lo tendré que...
- ¿Enfadada?¿ No estarás hablando de tus padres? -le interrumpió Javi, que había llegado junto a la otra pareja y lucia una sonrisa cándida.
Eva se asustó y dio un salto hacia delante chocando conmigo y quemándome la piel con el cigarro.
- ¡Joder! ¡Vigila! -grité mientras me apartaba y me frotaba el brazo.
Eva, olvidándose de la presencia de Javi, se me acercó y empezó a besarme la piel marcada por el cigarro hasta que se giró y besó a Javi con afectada pasión. Poco después se hicieron las correspondientes presentaciones. Natalia y Edgar se llaman. Ella de aspecto delicado, grandes ojos y cara pequeña con una peca cerca de la comisura del labio. Él de rostro rollizo, torso abultado y piernas cortas. Ella licenciada en filología inglesa; idioma que sólo sirve para crear palabras que se usaran en masa aun desconociendo su significado y que merecería ser relegado al nivel del griego koiné. Él licenciado en periodismo; nombre con el que se conoce la carrera donde se enseña a filtrar, ocultar y censurar las noticias y servir como correa transmisora de los mensajes del poder hacia los ciudadanos. Hasta aquí llegaron mis preguntas de cortesía. Frente a aquellos triunfadores fabricados para el éxito me sobrevino una sensación de estancamiento vital, parecía que me mantenía dando vueltas en círculos, abriendo las mismas puertas y chocando contra los mismos muros para acabar en el mismo punto de partida. Dejé de mostrarme interesado y me relegué a una posición apartada de todos ellos para contemplarlos en su felicidad. Felizmente alienados.
A lo lejos se vislumbraba el final del paseo y el inicio de las escaleras que conducían al museo todo ello con un fondo colorido proporcionado por la fuente ornamental que hacía las delicias de los turistas una noche a la semana. Eva y Natalia cuchichearon algo y de golpe se lanzaron a la carrera. La camiseta de tirantes azul marino con encaje de Eva me permitía ver como se alejaba su tatuaje que representaba una espiral y debajo el símbolo infinito. Javi al darse cuenta que la perdía se apresuró a correr lo más rápido que pudo para detenerla. Me quedé a solas con Edgar que no aguantó mucho el silencio y inició una conversación banal.
- ¿Qué crees que hará el Barça esta noche?
- Perder -dije mirando al horizonte buscando la silueta de Eva.
- Hoy gana sin despeinarse. Te lo digo yo- dijo y me dio un golpe con el puño en el brazo.
- ¿Te lo ha dicho una de tus fuentes que no puedes revelar por tus principios éticos? - le pregunté irritado por el golpe.
- Las fuentes las utilizo para apostar dinero en los partidos y para tirarme faroles al dar las noticias. Para hablar contigo no las necesito -respondió con aires de grandeza.
- Ni yo necesito hablar contigo -le corté tajante.
- ¡Eh! Tranquilo, que sólo estaba sacándote tema de conversación porque te he visto muy apartado- me reprochó y ladeó la cabeza señalándome una zona vacía del paseo.
- No te preocupes, estoy exiliado en el Castillo.
No me volvió a dirigir la palabra. Estaría pensando a que castillo habría hecho referencia. Lástima que no supiera que el Castillo es ficción, entonces entendería la profundidad de mis palabras y no me tomaría por un simple loco. Tras subir las primeras escaleras nos encontramos a Javi y Eva, cogidos de la mano y a Natalia absortos por la fuente; de donde no cesaban de brotar infinidad de surtidores que lanzaban agua, de todos los colores, a gran altura. Para redondear el espectáculo unos amplificadores colocados estratégicamente en diversos puntos cerca de la fuente reproducían la música de los 80. Me alejé en dirección al museo, para evitar tener que escuchar las rimas imposibles de las canciones, y los demás me siguieron por mimetismo; bien agarrados, como mandan los cánones, no fuera que a alguien se le ocurriera escaparse.
Entramos por la puerta de cristal y nos sumergimos en la masa de personas que iban de una sala a otra del museo. Unos preferían el gótico, otros el contemporáneo, otros... y todos ellos discutían sobre las grandezas del arte y sus mensajes. Para mi todo aquello era mercancía para mentes inquietas. Lo mayor aproximación al arte se quedó en las cuevas. Dejamos los bolsos y la mochila en el ropero y allí decidieron que primero querían ir al la sala de arte románico. Nos hallábamos en el amplio salón cuando desde el auditorio que se encontraba justo al fondo de la sala se abrió paso el sonido pesado y grave de un contrabajo y detrás de él las notas disonantes y saltarinas de una trompeta con sordina. A Eva se le iluminaron los ojos y volvió a salir corriendo; esta vez hacia el auditorio.
- ¿Qué es esa música? -preguntó Edgar señalando con el dedo el lugar de donde provenía el sonido.
- Jazz, amigo, jazz -contestó Javi con una sonrisa.
De las pocas ocasiones en que había salido con Javi saqué la conclusión de que, él, sólo sabía sonreír y mostrar su ingenuidad sin ningún reparo. Al cabo de unos minutos regresó Eva rebosante de alegría.
- Hay una chica joven que está cantando acompañada de una banda de jazz - dijo tocándose el cabello.
- ¿Una joven de 40 años? - preguntó Natalia con ironía.
- No, de las que tienen la piel tersa y las tetas firmes -contestó Eva riendo.-Voy al concierto.
- ¡Hemos quedado para ir a ver arte! -protestó Javi.
- Id vosotros tres y cuando cierren nos encontramos en los bancos de piedra que hay al salir, cerca del césped. Carlos me acompaña que a él también le apasiona el jazz -dijo mientras me guiñaba un ojo.
Eran las primeras noticias que tenía sobre mi pasión por el jazz.
- Como quieras -dijo resignado Javi -¿Todos de acuerdo?
- Sí -respondieron al unísono Natalia y Edgar.
Al fin podía estar a solas con Eva. Eso era lo único que había anhelado durante tantos días y tantas noches de insomnio dando vueltas en la cama. Poco importaba lo que podía suceder a partir de ese momento. Nunca hubiera imaginado poder lograrlo de nuevo. Nos despedimos alli mismo y nos separamos por unas horas hasta el cierre del museo. Eva y yo estuvimos charlando animadamente hasta llegar al auditorio:
- ¿Apasionado del jazz? Louis Armstrong es todo lo que conozco de jazz -reí.
- Con conocerlo ya es suficiente razón para que me acompañes - dijo y entrelazó su brazo con el mio.-A ellos tres ni les suena el nombre. Creen que la música se limita a lo que sale en los anuncios de cerveza y lo que escuchan los fines de semana en sus discotecas alternativas.
- Sí, esos grupos que tocan todos igual y sus letras hablan de gin tonics . Deberían llamarse: Los Mierdas. Y aún correríamos el riesgo de que nos intentaran vender que tocan punk. Donde no hay mata no hay patata.
- Gin tonic y punk; he de probarlo -rió al imaginar la escena.
Sin darnos cuenta habíamos entrado al auditorio. Tenía la forma de un circo romano con unas pequeñas gradas en los laterales, la de la izquierda repleta de gente, una gran bóveda que coronaba el techo que cubría el recinto y un ascensor que daba acceso al gallinero y a unas salas del museo. Dando la espalda a la grada habían montado un pequeño escenario donde una banda compuesta por: un guitarrista, un batería, dos saxofonistas y la cantante ponían a punto los instrumentos y hacían pruebas de sonido. Delante suyo se extendían varias hileras de sillas, ocupadas por público expectante y de expresión sosegada. De la barra se acercaban, a las últimas filas, algunas personas sosteniendo en la mano una copa de cava para observar de cerca los próximos acontecimientos. Los cámaras se posicionaban y colocaban sus trípodes para grabar la actuación y los fotógrafos sopesaban el mejor lugar para una instantánea. La cantante, una chica de unos 15 años que todavía conservaba los rasgos característicos de la niñez, cogió el micrófono y se dispuso a hablar:
- ¡Buenas noches a todos y gracias por venir! Os vamos a interpretar varias canciones de nuestro nuevo disco y algunas de las canciones más reconocibles del jazz. Esperamos que os gusten - dijo tímidamente, agarró la trompeta que tenía cerca de sus pies y inició el concierto.
Ahora comprendía el entusiasmo con el que hablaba Eva del jazz. Caos en estado puro que se autogestionaba obteniendo un placer y una belleza inigualables. Los músicos transmitían su intensidad a los instrumentos y estos a ti; cuando empezabas a adentrarte en la energía de la melodía y alcanzaba las cotas altas de la exaltación más vehemente, de golpe, se transformaba en relax absoluto y parecía desfallecer. Pasabas de la euforia al ensueño en un abrir y cerrar de ojos. Pero todo ello sin estridencias, de manera elegante y con sentido; fluía por la sala. Me pegué a Eva con la intención de meter mis brazos por su camiseta hasta que alcanzar su ombligo y así protegerla con mi cuerpo mientras ella apoyaba su cabeza en mi pecho. Quería sentirla tan cercana a mi piel como sentía la música; ser un todo con Eva. Su cuerpo vibraba con cada nota, golpeaba con las sandalias el suelo y sus manos se acercaban a mi cara hasta acariciarla. No podía ser más feliz; la persona que quería, aunque era una percepción no una seguridad, en mis brazos y la banda tocando una música deliciosa que sacudía todo mi cuerpo y no me permitía que me mostrases indiferente ante aquel espectáculo casi místico. Las canciones se sucedían, cada una con su peculiar singularidad que hacía sumergirme con gozo en aquel estilo tan desconocido por mi hasta la fecha. Inconscientemente asocié el jazz con Eva. Desde entonces al escuchar este tipo de música se me aparece la imagen de Eva y el recuerdo de este primer día y el de tantos otros. Entre tanto la cantante cesó de cantar y cogió la trompeta, la alzó, miró al techo y dio la señal para que los demás músicos la siguieran. Eva reconoció la canción.
- ¡Escucha! ¡Es Louis Armstrong! -dijo, con gran entusiasmo, mientras se revolvía entre mis brazos, y me besó sin tapujos, con la emoción de quien ha obtenido su recompensa.
El beso me desconcertó y me mantuve unos segundos indeciso a causa del asombro que me produjo Eva al lanzarse de aquella forma tan directa; no lo había previsto. Otra agradable sorpresa en un día que apuntaba a rutinario. Eva al notar mi perplejidad fue separando lentamente sus labios pero al fin reaccioné y volví a unirlos bruscamente; chocaron nuestros labios, chocaron nuestros dientes y chocaron nuestras lenguas formando una unión indivisible alentada por la música que se adentraba en nuestros pechos. Adaptamos los besos al ritmo de las canciones y a su duración sin que ninguno de los dos diera muestras de cansancio. Hubiéramos estado besándonos eternamente si los músicos no hubieran dejado de tocar.
Eva me acarició y indicó con el dedo indice el fondo del recinto a la izquierda. Borracho de felicidad me encamine hacia los baños. Si una observadora mordaz hubiera contemplado la escena les comentaría a sus acompañantes que yo parecía uno de los niños que, en el cuento, seguía despreocupado al flautista de Hamelín. No le faltaba razón. No sé porque extraña causa acababa haciendo lo que Eva quería. Nos separamos y cada uno entro en su correspondiente lavabo. No tenía demasiadas ganas de mear pero una vez de lleno en el asunto algo salió. Me la observé y pensé: "y yo con estos pelos". Me reí a carcajada limpia al reconocer hasta donde alcanzaba la influencia de Eva. Me lavé las manos y salí afuera para esperarla. Los espectadores del concierto continuaban en su propia atmósfera ajenos a lo que les rodeaba. Transcurrieron los minutos y nadie salía del lavabo de mujeres. La idea de que, en cualquier momento, apareciera Javi y me viera me inquietaba. No sabría que responderle si me preguntaba que hacía aquí plantado. Eva no daba señales de vida. Me armé de valor y entre en el baño implorando no encontrarme a nadie excepto a Eva. Me recibió un blanco impoluto y resplandeciente; ninguna persona. Tras una breve observación me di cuenta de que una de las puertas se hallaba cerrada y todas las demás abiertas. Mi primer impulso fue decir Eva pero me contuve y guardé silencio. Se escuchaba una respiración entrecortada proveniente del lavabo con el pestillo echado. Me metí en el de al lado para subirme en la taza, sacar la cabeza por encima de la pared que los separaba y ver quien emitía aquellos sonidos.
Era Eva, como suponía. Se había bajado los pantalones y las bragas a la altura de las rodillas y movía, con desenfreno, sus dedos alrededor del clítoris. Tenía toda la cara enrojecida y sudorosa debido al placer y al calor. Incluso en aquella situación Eva me parecía la mujer más hermosa que jamás había visto. Era tan excitante observar como se masturbaba que no me contuve y me desabroché el pantalón con la intención de pajearme yo también. Yo era el perro de Paulov y Eva la campanilla y ahora, esta, sonaba. Empecé a salivar:
- ¿Necesita ayuda señorita?
Eva dirigió, al techo, una mirada aterrorizada creyendo que alguien la había pillado mientras se masturbaba. Hubiera sido lo más normal en un lugar público pero tuvo la suerte de encontrarme a mi.
- ¡Joder Max! Qué susto... pensaba que eras un segurata ¿Has de surgir de la nada en los momentos menos oportunos? - me recriminó.
- Con lo preocupado que me tenías porque no salías y te encuentro aquí dentro haciendo dedillos. Que sucia eres. Ábreme, venga, no nos quedemos los dos a medias - le dije bajando de la taza y aguardando a que abriera.
Al instante quitó el pestillo, me agarró de la camiseta y me empujo adentro con ella. Apretujados nos fuimos colocando como pudimos; yo me senté en la taza con el pene erecto y ella se quedó de pie manoseándose el coño.No me cansaba de admirarla ¡Ah! Y conservaba el mostacho; mi perdición. No se lo pensó dos veces, se acercó a mi, entrelazó sus brazos por detrás de mi cuello y fue sentándose poco a poco, dejando entrar mi polla con suavidad, hasta que encajamos completamente. Busqué su cuerpo por debajo de su ropa y mis manos resbalaron debido al sudor que desprendíamos. Unos movimientos pausados al comenzar que dieron paso a unas sacudidas intensas y un balanceo furioso. No descuidamos los besos que iban y venían sin demasiada coordinación y los intercalábamos con discretos gemidos pegados a la oreja, lametones en el cuello, mordiscos en los labios y discretos gemidos que hacían las delicias de los dos. El rumor de la música se apagó y nos dejó solos con nuestros propios sonidos. Por chocante que parezca en aquel váter se creó una intimidad muy especial mezclada con unos toques de locura y lujuria muy atrayentes. Me levante y la puse de pie, los dos cara a cara, intentando no sacarla de dentro, cosa que no logré y pareció contrariar a Eva. Me agache un poco hasta colocarme a su altura y se la metí sin mediar palabra. Flexionaba las piernas como si me hubieran programado para ello. Se oyeron los aplausos de los espectadores satisfechos por el concierto. Absurdamente los aplausos me animaron y me dieron fuerzas y penetré a Eva con más ardor. Noté como su interior se contraía con cada arremetida dificultándome la próxima y incrementando el placer que sentía. Gotas enormes caían por mi frente y se precipitaban sobre la blusa de Eva; todo mi ser quería conectar con Eva. Los aplausos cesaron y Eva me abrazó con gran energía. Pegó sus labios a mi oreja y me susurro en un suspiro: "te quiero". Aquello fue el detonante, no aguanté más. Me corrí en su interior con una sensanción de plenitud y realización máxima; mis aspiraciones intimas y casi secretas cumplidas. Los aplausos finalizaron.
Permanecimos ,de pie, abrazados y al parecer, al fin, tomamos consciencia de donde nos encontrábamos y lo arriesgado de quedarse allí por más tiempo. Eva se limpió, con papel higiénico, el semen que le goteaba, se vistió y salió, no sin antes besarme toda la cara y mirarme por última vez con sus ojillos, marrones, rebosantes de felicidad. Mientras acababa de vestirme recibí un sms de Eva: "He visto a Javi. Intenta al salir ir por la parte de arriba y sentarte en los bancos donde había gente. Yo lo distraeré hasta que te sientes". Eva, sin quererlo, me devolvía de la forma más cruel a la puta realidad. Lo que habíamos vivido hasta ese instante ya no importaba. La figura de Javi cobró una envergadura desmesurada. Era el obstáculo que me impedía perpetuarme con Eva; una montaña que había que coronar y descender. Que felicidad tan efímera.
Me escabullí entre la gente y subí a toda prisa las escaleras que conducían al gallinero. Desde arriba se podía observar toda la platea pero evité hacerlo por si, en un descuido, Javi me veía. Corrí, pegado a la pared, por el lateral hasta que llegué sudoroso a la zona de bancos. Me senté en el primer sitio libre que encontré. Los espectadores se levantaban y se marchaban ya que el concierto había acabado. Alrededor mio quedaron 4 personas. La gente se aglomeraban en el escenario esperando su turno para hablar con los músicos. Metidos de lleno en aquel remolino vislumbré a Javi y Eva, besándose. "Bonita forma de distraerlo", pensé. No se podía negar que era efectiva y perversa a la vez. Sabía que la iba a ver y que me jodería. ¿Qué era para ella esta noche juntos? No quería ni planteármelo. Desvié la mirada tratando de evitar contemplar aquel espectáculo y cerca de mis pies encontré una hoja de papel escrita. La cogí. La habían arrancado de un cuaderno. Me detuve a leerla:
Erase un loco. Erase un libro. Erase una noche. Erase un loco que escribió un libro en una noche. Cada palabra era una gota de lluvia que rociaba los cristales. Esa tormenta única, la de cada noche de verano. Pero él solo contaba con una noche. Con una tormenta y un puñado de gotas de agua. Dicen que tragedia era el genero de sus escritos. Yo prefiero denominarlo comedia mal entendida. Pues hasta el peor de los sucesos tiene un pequeño lucero. Pues en la más absoluta oscuridad es donde mejor se puede apreciar la luz. La esperanza es la cara mal vista de un loco que se dedica a escribir tragedias en una noche de tormenta de verano.
Relativista Dogmática.
A medida que mis ojos se deslizaban por las letras menudas una sonrisa afloró en mi cara y concluyó en risa al leer el seudónimo. Relativista Dogmatica si que fue un lucero en aquella oscura noche. Con que habilidad había tejido aquel pequeño tapiz lleno de belleza y conocimiento profundo. Tuve ganas de ser aquel loco escritor de tragedias y ser libre escribiendo sobre mis obsesiones y mis taras. Al parecer Eva me escuchó reir:
-¡Max!¡Ven! -gritó, desde abajo, Eva alzando los brazos para que la viera mejor.
viernes, 29 de junio de 2012
miércoles, 30 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
martes, 8 de mayo de 2012
Robert Walser - Laúd
En el laúd toco recuerdos. Es un instrumento insignificante, con un sonido que es siempre uno y el mismo. Es un sonido unas veces largo, otras breve, otras remolón, otras ligero. Respira pausadamente, o bien se supera a sí mismo dando un presuroso brinco. Es triste y alegre. Lo único extraño es que cuando suena melancólico, me hace reir, y cuando es alegre y salta, no puedo evitar el llanto. ¿Ha habido alguna vez un sonido semejante? ¿Alguna vez se ha tocado instrumento tan extraño? Apenas se lo puede coger en la mano; las manos, aun las más suaves y delicadamente formadas, son demasiado toscas para hacerlo. Tiene cuerdas de una figura y tenuidad inefables. En comparación, los cabellos son cabestros. Hay un chiquillo que sabe tocarlo; y yo, que tengo tiempo para tumbarme con el oído atento, me pongo a escucharlo. Toca día y noche, sin pensar en comer ni beber, hasta muy entrada la noche y en pleno día. De la mañana a la noche y de la noche a la mañana. El tiempo, para él, no tiene otra misión que la de pasar rozándolo como un sonido. Y así como yo lo escucho tocar, él, cuando toca, escucha todo el tiempo a su amada, el sonido de su instrumento. Jamás enamorado alguno ha escuchado con tanta fidelidad, con tanta constancia. Qué dulce es prestar oído al que es todo oídos, observar al enamorado, sentir al olvidado junto a uno mismo. El chiquillo es el artista; el recuerdo, su instrumento; la noche, su espacio; el sueño, su tiempo; y los sonidos a los que da vida son sus solícitos criados, que hablan de él a los ávidos oídos del mundo. Yo soy sólo oído, un oído indeciblemente emocionado.
jueves, 26 de abril de 2012
Despierta
Me levanté con la boca pastosa y la nariz congestionada, una pierna me colgaba de la cama rozando con la punta de los dedos el suelo, las sabanas enredadas en mi cuerpo desnudo y el mismo tamborileo resonando a cada segundo en mi cabeza. Desde la cocina llegaban los cantos de sirena de Alba ofreciéndome sus manjares. No lograba entender como había acabado en el piso de una desconocida, alguien que dejó de ser humana y pasó a engrosar la lista de experimentos fallidos; con miedo a querer y quererse, encerrada en su estereotipo se ha centrado en tantas superficialidades que ha olvidado por lo que vive.
- ¡Carlos! ¡Max! -calló un instante- ¡Carlos Max! Levantate que he de marcharme -insistió de nuevo.
- ¡Ya voy! - grité, rememorando aquellas mañanas de domingo en que mi madre me despertaba llamándome a comer.
Sólo pido una cosa cuando me levanto; silencio para poder despertarme completamente en paz y empezaba a descubrir que en aquella casa no la obtendría. Miré con los ojos entornados al reloj; marcaba las 2:48. Recordé que había quedado con Jose a las 4, me desperecé, salté de la cama y me vestí, lo más rápido que pude, sin ropa interior. Cogí un trozo de papel y un bolígrafo de encima el escritorio y escribí en letra menuda: Soy el tío al que no amarán. Necesito conocerte. Llámame al 6... En el comedor, fumándose un porro, me aguardaba Alba con aparente tranquilidad aunque no paraba de levantarse y volverse a sentar, de abrir y cerrar la puerta del balcón y de mover el cenicero a lo largo de la mesa. A pesar de su aspecto su actitud no engañaba a nadie; estaba nerviosa y su única solución era dar rienda suelta a su incontinencia verbal. Y a eso procedió en cuanto cruce el umbral de la puerta del comedor:
- Corre, coge tu mochila del cuarto y vámonos que llego tarde.
- Hola -dije mientras me quitaba una molesta legaña del ojo.
- Buenos días. ¿Te puedo hacer una pregunta?
- Adelante -respondí sin prestarle mucha atención, inhalando el aroma del porro que se estaba fumando.
- ¿De donde viene tu nombre? Le he estado dando vueltas mientras esperaba a que despertaras y me ha entrado curiosidad.
- Hay dos versiones: la larga y la corta ¿Cual quieres primero?
- La larga -dijo expectante por mi respuesta.
- Mis padres actualmente son aspirantes a pequeño burgués pero hubo una época donde sus ideas eran una mezcolanza entre comunismo, hippies y psicotrópicos. En una calurosa mañana de verano, en el claro del bosque donde habían acampado, despertaron con los rayos que despuntaban y en lo primero que se fijaron fue en El Capital que reposaba sobre una mochila y llevados por el fervor comunal prometieron que a su primer hijo le nombrarían Carlos Max y si era hija Jenny (su esposa). Mi nombre es una especie de tributo al autor del libro. El mismo que habla de la lucha de clases, el materialismo histórico... Seguro que esto te debe sonar de algo.
- Pues no mucho ¿Lo estudiamos en la escuela?
- En la escuela no se estudia, en la escuela se enseña a obedecer.
Silencio. Supongo que Alba no escucho la frase final porque se encontraba en el rellano pulsando el botón del ascensor. En ese intervalo aproveché para deslizar el papel que había escrito anteriormente por debajo de la puerta de la habitación de la pelirroja. No guardaba muchas esperanzas de que aquello tuviera éxito, en cuanto encontrara el papel seguro que lo tiraría a la basura, pero tampoco perdía nada por intentarlo porque cuando saliera por la puerta no entraría de nuevo; no tenía ninguna intención de volver a ese piso y mucho menos de ver a Alba, me cargaba sobremanera su vacuidad y sus falsos ademanes de persona agradecida con la vida.
- ¿Y la corta?
- Que es un nombre inventado para conferirme una aura de pensador venido a menos con los años y así poder ligarme a las nuevas generaciones de intelectuales feministas que verían en mi alguien interesante.
- ¿Te funciona? -preguntó y pegó su cara a la mía.
- Dímelo tu -sonreí y la besé sin mucha pasión, la misma que le pongo al atarme los cordones de los zapatos-.Yo creo que me equivoqué de temporada. Voy a cambiarme el nombre por el de algún cantante famoso porque ahora sólo suben hornadas de animadoras que se operan las tetas a la que cumplen 18.
- Espérame aquí. Voy a buscar el coche y te recojo.
- ¿Te acompaño?
- No hace falta. He de llamar al chico con el que quedo ahora para avisarle que ya salgo. En menos de 5 minutos paso con el coche.
No le contesté."De flor en flor", pensé. Sus palabras confirmaron las ideas que había concebido sobre ella el poco tiempo que estuve a su lado. Alba vivía en una calle semipeatonal, muy tranquila, donde todo era nuevo y estaba bien cuidado: farolas, arboles, papeleras, asfalto... Me quedé aguardándola de pie, pacientemente, leyendo, uno de sus escritos que saqué de la mochila, y fijándome en si pasaba con el coche. A los 5 minutos, como dijo, sonó un claxon repetidas veces. Alba conducía un renault clio sport 3 puertas de color azul. Me metí en el coche, me hundí en el asiento, bajé vidrio de la ventana y saqué la mano por ella para refrescarme en aquel día caluroso producido por los rayos del sol que inundaban toda la ciudad. Alba introdujo un cd en el reproductor y aceleró. Parados en el primer semáforo que nos topamos me preguntó:
- ¿Te va bien si te dejo en el teatro Real?
- No me va mal -dije mientras bajaba el volumen de la música- ¿Es donde has quedado con tu nueva conquista?
- Que sorpresa que abandones tu frialdad habitual conmigo y te enfurezcas ¿Estás celoso? - me preguntó con tono jocoso.
- No, tengo otras prioridades.
- ¿Diana? -me interrumpió Alba.
- ¿Así se llama la pelirroja? Gracias por ahorrarme la pregunta. Sí, ella sería una de esas prioridades si te lo preguntas. Y no, no estoy celoso. Simplemente me hace gracia tu comportamiento.
- ¿Mi comportamiento? Qué sabrás tu de mi. Yo me conozco mucho mejor de lo que te puedas imaginar y de lo que puedas llegar a conocerme tu -me reprochó, herida en su orgullo- Es más, estoy completamente segura de que me deseas.
- Para nada -dije aguantándole la mirada
- No te creo ¿Sino porqué me llamaste?
- Allá tu, no me creas si es lo que quieres. Me equivoqué llamándote y aceptando entrar en tu juego. Ese juego en el que usas tu belleza física para satisfacer tu empequeñecida autoestima y regodearte en el vulgar éxito cuando alguien admira tus encantos. Te das miedo. Te produce pavor pensar sobre tu vida y lo que haces con ella. Es muy licito si no implicas a otros. Es aquí cuando la cosa se jode. Ahora debería explicarte las razones de porqué te llamé pero no tengo demasiadas ganas de seguir hablando. Llámame borde.
Permanecimos en un tenso silencio durante todo el trayecto amenizado por la música relajante del cd. Los rayos de sol se filtraban entre unas ligeras nubes y traspasaban la luna delantera del coche revelando el rostro de Alba, contrariado y triste. Apenas movía la cabeza a los lados y cuando lo hacía era para mirar en los retrovisores evitando todo contacto visual con mis ojos. Subí el cristal de la ventana y escribí palabras invisibles sobre el. Yo también me sentía apenado. Lo que deseaba era bajar del coche lo antes posible, sin dejar rastro de mi presencia y olvidarme por completo de aquel error.
Alba aparcó el coche en doble fila esperando encontrar en las taquillas del teatro al chico con el que había quedado aquella tarde. Aun no se encontraba allí. Fui a abrir la puerta del coche y Alba me retuvo agarrándome la mano con ímpetu.
- ¿Te vas?
- Sí. Me están esperando y mi amigo se enfadará si vuelvo a llegar tarde.
- ¿Nos volveremos a ver?
- No creo -dije en voz baja.
- ¿No hay marcha atrás? -preguntó con los ojos llorosos y una sonrisa de impotencia aceptando los acontecimientos.
- Aquí nos despedimos. No hay final sin un nuevo principio, recuérdalo -le dije a la vez que le acariciaba su mejilla sonrosada por donde corría una lágrima.
Puse los pies en el duro asfalto. Alba siguió mis pasos y se fundió conmigo en un sentido abrazo. Fue la primera vez desde que nos conocíamos que percibí sinceridad en su gesto y me conmovió. Su cuerpo desprendía calor. En el adiós el alma de Alba, sepultada por las nieves del olvido, pugnaba por salir. Tomé consciencia de que su fachada superficial y vanidosa escondía un espíritu que rogaba ser querido. Le besé el cabello, ella besó mi pecho y continuamos abrazados. Alba pretendía retenerme eternamente pero no podía quedarme con ella pese a lo que me acababa de mostrar. Yo vivía todavía con un pie en el pasado. Alcé su rostro y me agaché hasta que mi cara alcanzó su altura. A pesar de la pena conservaba su belleza y su presencia orgullosa. Unió sus labios con los míos y nos lanzamos a una vorágine de pasión, deseo y culpa, arañando e intentando escapar de las ideas que nos oprimían. Acaricié su pelo, su piel, la palma de su mano... y me fui.
- ¡Un beso lo cura todo! ¡Sonríe! -le grité desde la lejanía.
Descendiendo por la calle adoquinada, de espaldas a Alba, alcé la mano y me despedí de ella.
Me encontré a Jose mirando libros en el escaparate de la librería anarquista del barrio. Se había vuelto a cortar la melena, lucía un corte depurado y una barba hasta las cejas. Vestía una camiseta negra de manga corta de un grupo (Whirr) absolutamente desconocido para la mayoría de los mortales, unos pantalones tejanos algo anchos, deportivas y un pañuelo palestino a cuadros que le otorgaba un toque coqueto. Nos saludamos y tras los abrazos me reprochó:
- Llegas tarde tío.
- Lo siento, está siendo un día un tanto raro -me disculpé- ¿Tienes hambre?
- No, he comido hace nada.
- Bueno, vamos al kebab que yo no he comido.
Jose forma parte del grupo de amigos que me mantiene con los pies en la tierra. Es más, es de los pocos con los que suelo quedar con regularidad. Es imposible cansarse de él. En general tiene un gusto ecléctico aunque con marcadas tendencias hacia el gafapastismo. En sus ratos libres escribe relatos cortos y poesias, en su mayoría, metafísicos, decadentes e imbuidos de la fuerza y la desgarradora nostalgia de un domingo tempestuoso. Sin lugar a dudas atesora un gran talento. A simple vista puede parecer frío y despreocupado pero posee una mirada sagaz y corrosiva frente al mundo que le rodea consiguiendo discernir su complejo entramado. Me gusta llamarlo filosofo del absurdo. Con paciencia y pese a su introversión te permite descubrir en él una personalidad arrolladora y expansiva, única. Ah, y lo más importante, es sincero en sus palabras y pensamientos y coherente con sus actos. Debería decirle con más regularidad que me siento afortunado de ser su amigo.
En el kebab pedí un durum de ternera con salsa picante. Tras el mostrador un paqui elaboraba el pan de pita y otro cortaba la carne. Yo hablaba con Jose:
- El jueves pasado fui con Louis y Pablo a una especie de discoteca cerca de la plaza del tripi. Pinchan indie, pop, rock , clásicos del pasado, dance, house... Llegamos a las 12 y la sala estaba vacía. Pedimos 3 cervezas, 5 euros cada una; una puta estafa. Bebimos y bebimos esperando a que alguien hiciera acto de presencia y en eso que unas chicas, debían rondar los 20 años, nos pidieron que les sacáramos unas fotos con una cámara que a la que no le funcionaba el flash. Nos propusieron salir en la foto con ellas, se notaba que querían rollete porqué nos ivan provocando descaradamente. Nos hablaban, gastaban bromas y de golpe se marcharon a otro lado. Aquí es donde aparece Pablo, que de ligar sabe mucho, y, como la serpiente que les ofrece la tentación a Adam y Eva, él sin malicia, comenta: "La de blanco te miraba mucho". Aquí pasas de vivir sin preocupaciones en tu paraíso particular a no dejar de pensar en sus malditas palabras.
- ¿Con todo amigo? -me preguntó el paqui.
- Sólo lechuga.
- Son 3,5 amigo.
- Aquí tienes -le di el dinero justo y fuimos a la calle paralela a la que nos hallábamos en busca de bebida.
- Continua -dijo Jose con interés.
- La discoteca se fue llenando y aparecían tías jamonas en cada rincón. Louis, desbocado, se encaprichó de una chica pequeña, delgada y con una bonita cara. No sé como pero en cuestión de segundos las rodeamos, a ella y a la amiga que la acompañaba. Louis le propuso que se uniera a una supuesta banda de post-rock que habíamos creado hacía unos meses. En mitad de la conversación me desentendí porqué vi que Pablo y Louis marcaban perfil delante de ellas. Les dieron el facebook y el numero de móvil y se fueron a casa. Nos metimos de lleno en la muchedumbre, bailando descontroladamente, agitando todo el cuerpo. Una patinadora en bikini pasaba repartiendo un infecto chupito de gelatina que escupías al contacto con la lengua. No estaba disfrutando al completo porque no paraba de buscar a la chica de blanco. Andaba dándole vueltas a la estúpida idea de que yo era el único que no había ligado. Jodido gregarismo, consiguió que me convirtiera en un triste palomo en celo. Nos volvimos a acercar al grupito de la blanca, que se había parapetado detrás de sus amigas. Allí la tenía; sin apenas moverse, riéndose de cualquier chorrada que le comentaban. Pablo y Louis me despejaron el camino. La verdad es que, en general, soy un negado para entrarle a las tías pero estos ambientes discotequeros donde no se escucha una mierda me tensan hasta el extremo. El caso es que Pablo se lió con la fea del grupo. Esa inmolación aumentaba la presión sobre mi. Louis charlaba con su compatriota francesa y le explicaba lo de su ex italiana. Restaba una amiga y vía libre pero esta se llevó a la de blanco al centro de la pista. Menuda jodienda. Las seguí escondiéndome tras las columnas y las observé como un voyeur aguardando el momento adecuado para dar el paso definitivo. En el intervalo entre canción y canción me acerqué a ella y la agarré de la cintura. Todavía ahora que te lo estoy contando me siento como un gilipollas. Ella no se mostraba receptiva. Le pregunté su nombre, Flor, se llamaba. Con ese nombre tan cursi la cosa sólo podía empeorar, y así fue. Ni siquiera por cortesía me preguntó por mi nombre. A cada cosa que le decía se me quedaba mirando con cara de pánfila y sin responder. Emboscado como estaba di mi último zarpazo. "Me gustas", raso y corto. Pero ella seguía con su puta cara altanera de no haber chupado un rabo en su vida y yo con cara de recién lobotomizado. ¿Para que coño me marea durante toda la noche? ¿Para contestarme con un: vale? ¡Que se vaya a joder a otro! Tanta igualdad y has de ir siempre detrás de ellas, no te preocupes que no vendrá ninguna a por ti ¡Ah! Y entrada gratis. Tócate las pelotas con la igualdad.
Pillé una moritz en la tienda filipina y continuamos hablando calle abajo, en dirección a la plaza de los skaters.
- ¿Quieres un trago? -le ofrecí alargándole la botella.
- Sí, gracias.
Nos intercambiamos la botella un par de veces y cuando la secamos Jose sentenció con gran solemnidad:
- Todas moritz.
Reí con ganas gracias a aquella ocurrencia. Siempre solía sorprenderme con su ideas disparatadas y sus frases absurdas.
Como una bandada de pájaros se extendían por los balcones infinidad de sabanas, algunas secas y otras goteando, todas ellas impregnadas por el olor a curri, lejía y meado. Por más que procuraran ocultarlo, arreglando alguna calle y colocando instituciones públicas, tiendas y bares de moda para aparentar una imagen de modernidad y bienestar, el barrio se desbordaba tomando su propio cauce ajeno a tanta martingala. Las calles permanecían en un estado de suciedad permanente, los inmigrantes se hacinaban en pisos diminutos que se caían por dentro, sus hijos jugaban en la calle, un flujo constantes de personas iban y venían sin un rumbo claro, los camellos vigilaban las esquinas, la mafia blanqueaba dinero en sus establecimientos y explotaba a las prostitutas de la calle... y pese a todo esto la gente no desfallecía y se levantaba cada mañana dispuesta a mejorar su barrio sin esperanzas de recibir ayuda externa.
Retomé la charla:
- Quieres saber como acabó la noche después de mi desbandada?
- Sí, conociéndote estoy seguro que algo más te pasó.
- Qué mamonás estas hecho -sonreí-. Pues después de mi encuentro con Flor me metí en el baño. Primero me encontré en el pasillo a un compañero del colegio,actualmente calvo integral, y me paré a hablar con él pero el portero del váter nos echo a patadas y no supe más de él. Entre corriendo al wc, directo a mear, y a mi lado se puso un rubio de ojos azules también a mear. Contemplaba mi cimbrel como un poseso y acabo por decirme: "¿Real or Barça?" Barça contesté y no pareció agradarle porque según dijo el era del Real. También me comentó que era de Stuttgart y que le gustaba mucho Barcelona, lo típico. Tras unos minutos de conversación me presentó a un par de amigos, altos y fuertes como él. Ya no podía decir que no había ligado porqué aquellos alemanes eran unos julandrones de cuidado. Tendrías que haber visto como el tío se concentraba en mi polla. Se me quitaron las ganas de mear de golpe. Tratando de huir propusé a Pablo y Louis salir a la calle para que nos tocara el aire. Nos sentamos en el suelo apoyados en el cristal del escaparate de una tienda de souvenirs bebiendo una cerveza de lata y oyendo el delicado y armonioso sonido de una chica vomitando a nuestro lado. Y para rematar una puta un tanto cascada se ofreció a hacernos una mamada por 180 euros. La inflación está por las nubes. Nos pasamos lo que quedaba de noche, hasta que hubo el primer tren, vagabundeando por las calles, hablando de todo y de nada.
- Si acabasteis así es que entonces fue una gran noche.
- Sí, lo fue -dije metiéndome las manos en los bolsillos del pantalón.
Nos sentamos en una elevación del suelo de la plaza de los skaters, dando la espalda al nuevo arte, definido tan acertadamente por una camiseta, expuesta en un escaparate de una tienda de ropa, que rezaba así: "Si se vende es arte". Multitud de skaters con gorras, gorros y sombreros incrustados en la cabeza, patinaban, saltaban y grindaban golpeando sus huesos con el suelo. Los vagabundos, unos rascándose el cogote, otros estirados en colchones roñosos, discutían por el control de la radio. Un urbano servil requisó las latas de cerveza que vendía un beer-amigo, las abrió y tiró el liquido por la cloaca. Una banda de chavales fosilizados en un banco de piedra lo comentaban y se reían de la situación. Cerca de ellos los barrenderos barrían el pavimento y trataban de espantarlos a manguerazos. A nuestra derecha una mujer ajada pedía fuego. Esto era una mínima muestra de lo que se concentraba en la plaza a lo largo del día.
- En las noticias salió que en Nuevo México unos padres frikazos le pusieron a su hijo Star Trek -dije.
- ¿Lo próximo que será? ¿Qué Jesucristo era negro, media dos metros, se llamaba Mutombo y sodomizaba enanos en la carpintería de su padre?
- Con estos periodistas que tenemos si hoy se produjera la revolución francesa se limitarían a dar este titular: "Grupos anti-absolutismo asaltan las Bastilla en Paris". Se dedican a dar titulares y no van más allá. Leyéndolo parecería que cuatro delincuentes hicieron algo grave y la revolución francesa quedaría como algo residual e ilegitimo. Porque nunca explican el contexto de las noticias, son loros de repetición compitiendo por ser el más veloz en comunicar la supuesta noticia, sin contrastar ni adentrarse lo mínimo en ella. Son misioneros de la falacia.
- Tal como salen de la universidad es normal que no conozcan nada. Con los profes que abundan... no explican; leen lo que pone un powerpoint que les ha preparado un pobre becario la noche anterior. Que todavía sabemos leer. ¡Coño! -dijo Jose acaloradamente-. Después tratas de razonar con ellos sus argumentos y todo lo que dices está mal. Siempre mal porque tu eres un pobre inculto que nunca alcanzará su conocimiento. Estúpidos soberbios.
- La universidad hace tiempo que dejó el conocimiento a un lado para dedicarse exclusivamente a repartir títulos para que sigamos engordando las filas del sistema o las del paro -dije gesticulando con las manos.
- Nos manipula como quieren. Crean conceptos, figuras, iconos... para que todos deseemos parecernos a aquel ideal. Eres bueno y feliz si tienes novia, una familia, hijos en un futuro, un perro, una casa de propiedad, te has sacado una carrera, respetas las normas... Los ideales y los sueños esclavizan. Y lo peor es que no puedes desviarte de este camino marcado por un ente desconocido. Con el terrorismo hacen lo mismo. Crean la figura a odiar y nos la muestran como la pelotita de un trilero que sabes que existe pero nunca la ves. Los dos minustos de odio de 1984 también equivaldrían. Cada vez nos asemejamos más al libro. Las palabras ya no significan nada ¿Y que es el facebook? Control social. Pero no ya control del gobierno ni de empresas, que también. Busquemos más abajo control de las personas de la calle. Control de nuestras vidas en base a la opinión de los demás.
Asentía a todo con la cabeza. No podía tener más razón en lo que decía.
- Lo siguiente que exigirán es que entreguemos a nuestras vírgenes para que el dragón se las coma y nos deje vivir miserablemente un año mas. Cuando se acabe el plazo vendrán reclamando que abramos bien el ojal que entran con todo y cuando estén plenamente satisfechos nos colgarán un cartel de: se vende. En la referencia saldrá: esclavo barato, eficiente y silencioso. Trabaja 20 horas, duerme 2:30 horas, come en 1 hora y caga y mea en 20 min. Y nos venderán en Ebay o en Amazon.
- Jajaja, que bruto eres -Jose río mostrando todos sus dientes.
Continuamos hablando un buen rato hasta que anocheció y el viento fresco proveniente del mar, que arreciaba con mayor intensidad, nos obligó a desplazarnos del lugar. Teníamos la piel de gallina y el cabello alborotado. Caminábamos en silencio observando y reflexionando sobre todo lo que habíamos hablado. Fue una tarde esplendida. En la boca del metro nos despedimos emplazándonos para volvernos a ver la semana próxima. Antes de marcharme al piso me perdí por los decrépitos callejones y, impulsado por la fuerza de un soplo de viento, corrí con los brazos extendidos y la boca abierta; gritando que al fin volvía a respirar.
martes, 24 de abril de 2012
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